Skip to content

El feminismo no debería de existir

Lo digo del mismo modo en que diría que ojalá no existiera la quimioterapia porque ojalá que no existiera el cáncer. Sin embargo la quimioterapia existe porque el cáncer existe. La quimioterapia es necesaria. El feminismo es necesario. La quimioterapia es agresiva y produce gran conmoción en el cuerpo. El feminismo puede ser agresivo y producir gran conmoción en el tejido social. Pero son necesarios. ¿Es el fin de la quimioterapia el malestar que sufre el cuerpo? No. Es el fin de la lucha feminista el malestar social? Tampoco.

La gran pregunta, por supuesto, es: ¿hasta dónde? ¿Hasta dónde llevar el tratamiento sin que destruya al cuerpo? ¿Hasta dónde llevar la protesta social sin que resulte perjudicial? Lo primero sólo un médico lo puede contestar. Lo segundo nos toca a todos tratar de averiguarlo. Pero no es la prioridad. La prioridad es clara: la enfermedad debe terminar. No va a ser fácil. Nunca lo es. Pero debe terminar. Porque por mucho que nos duela ver nuestros monumentos y bienes materiales destruidos hay que reconocer una verdad ineludible: ellas tienen razón. No sólo ellas, yo también estoy harto, asqueado incluso, de seguir viendo todos los días, sin excepción, noticias sobre desapariciones, secuestros, asesinatos, violaciones y demás depravaciones. Y estoy igualmente cansado de esa incómoda verdad que está detrás de cada post de Facebook pidiendo ayuda para localizar a una persona desaparecida: la autoridad está rebasada. No hace nada. Nada. No hay estado de derecho, sino total, completa y grosera impunidad. Es muy frustrante saber que son las redes sociales las que tienen que hacer gran parte del trabajo, las que tienen que atraer la atención sobre los miles de casos porque la autoridad no sólo está rebasada, muchas veces también es negligente.

La causa, pues, es muy clara. Sería una miopía moral no ver el nivel de gravedad del problema. Lo que sucedió el viernes no es un problema, es un síntoma. ¿Me duele ver el ángel grafiteado? Sí, pero los bienes materiales van y vienen, la estatuas se reparan, los monumentos se limpian. Pero la vida de una persona jamás se recupera. No en este mundo al menos. Es por eso que la lucha es muy necesaria.

¿Hubiera hecho yo lo mismo que quienes protestaban el viernes? Mi primera respuesta es que no. Por un lado porque soy muy escéptico de las marchas y, por el otro, porque soy consciente de que la razón individual fácilmente puede diluirse en la masa y convertirse en barbarismo. Me puedo perder en un laberinto mental de “hubieras”, pensando en si habría sido mejor una marcha de silencio, o una protesta pacífica. Sí, pero aún con todo, ellas lograron uno de sus objetivos: estamos hablando del problema públicamente, ya no sólo en lo privado. Y si usted está leyendo esto y haciendo un ejercicio de reflexión (que espero que así lo sea), es gracias a ellas.

Otra pregunta obligada es: ¿Cuál es el problema? A ello se puede responder con una sola palabra: la violencia. Violencia como violencia de género, violencia como violencia contra las libertades civiles, violencia en contra de la seguridad que todos esperaríamos poder tener de facto. La violencia está en el corazón de todo lo que tanto nos aqueja. La violencia es lo que todos buscamos eliminar. Paradójicamente estamos hablando, por lo tanto, de una lucha en contra de la violencia. De la mano de ésta hablamos también de una lucha contra la impunidad, contra la desigualdad, contra la inseguridad e incluso contra ciertos prejuicios. Todo ello, visto de manera positiva, conduce a su vez a una lucha por la paz, por la justicia, por la igualdad, por la seguridad y la comprensión. Sobre todo paz y justicia; estoy seguro que eso es lo que todo mexicano desea en su corazón. Estoy seguro de que esas son las prioridades de las protestas.

Pero la justicia y la paz son difíciles. ¿Es eso excusa para resignarse y dejar de luchar? Jamás. Todo lo contrario, es la razón por la cual la lucha es tan necesaria. Es la razón por la cual hay que evitar a toda costa el conformismo. Pero esa lucha que no debe amainar tampoco es fácil. No es fácil porque se deben evitar a toda costa dos cosas: la glorificación romantizada de la revolución y la violencia contra los inocentes. Ninguna lucha, por muy noble que sea, está justificada para violentar a los inocentes. ¡Jamás! Y eso tiene que quedar bien claro. Porque, es verdad, los bienes materiales se reparan. Pero las vidas que se van no vuelven. Hacer violencia a un inocente para luchar contra la violencia es insostenible. No se puede eliminar a un monstruo si en su lugar se impone otro monstruo; y eso es justamente lo que le sucede a las revoluciones romantizadas y glorificadas: en el momento en que se convierten en absolutos morales se vuelven ciegas ante cualquier objeción que pueda oponérseles. Es entonces cuando se acepta cualquier medio con tal de perseguir la causa. Sucedió en Francia en la época del terror, le sucedió a la Rusia comunista y le sucedió incluso a nuestro país con la dictadura que se estableció luego de nuestra revolución.

Esta lucha tiene que seguir. Es necesaria. No podemos seguir así. Ningún Estado es sostenible a costa de la sangre de sus ciudadanos. Pero lo más difícil será no dejarse llevar por el muy entendible deseo de satisfacción por la sangre derramada. Es una lucha que, como he dicho, si bien la entiendo, es lucha por la paz. No debemos olvidar eso. Y si eres feminista y estás leyendo esto, sabe que cuentas con mi apoyo, pero por favor nunca olvides que lo que todos queremos es la paz.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: